BEIRUT/AMMAN.- Soldados sirios y tropas blindadas entraron en un distrito controlado por los rebeldes en la ciudad de Aleppo, después de bombardear también en Damasco a unos insurgentes con la moral alta tras el atentado contra el círculo íntimo del presidente Bashar al-Assad.
Activistas en Aleppo, la mayor ciudad del país y el centro comercial del norte, dijeron que cientos de familias estaban huyendo de los barrios residenciales después de que los militares barrieran el distrito Saladin, que estuvo en manos de los rebeldes durante dos días.
También se informó de combates en el distrito pobre y densamente poblado de al-Sakhur.
"Los bombardeos no han parado desde la noche. Aleppo se ha convertido en una zona de batalla", dijo una ama de casa vía telefónica desde la ciudad.
La escalada de los combates podría suponer un nuevo desafío para al Assad, que busca recuperarse del asesinado de cuatro de sus altos mandos de seguridad y de un ataque rebelde de seis días a la capital, al cual llamaron "Volcán de Damasco".
El presidente no ha hablado en público desde los asesinatos, y no pudo asistir el viernes a la ceremonia funeraria de su cuñado y de otros dos altos funcionarios.
La lucha en Aleppo se produce mientras el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, anunció que había enviado al jefe de misiones de paz, Herve Ladsous, y a su principal asesor militar, el general Babacar Gaye, a Siria para evaluar la situación.
En Damasco, las fuerzas de al Assad contraatacaron durante la noche. La mayoría de las tiendas estaban cerradas y había poco tráfico, aunque más que en los últimos días. Algunos controles policiales, que habían sido abandonados a principios de semana, estaban ocupados de nuevo. Muchas gasolineras estaban cerradas, tras haberse quedado sin combustible, y las pocas que funcionaban tenían largas filas de vehículo esperando para repostar. Los residentes informaron de filas en las panaderías y dijeron que los precios de las verduras se habían duplicado.
"Me siento deprimida y sola porque tengo que permanecer en el interior, porque fuera no hay nada bueno. Todo el mundo está deprimido", explicó una mujer de unos 50 años que apoyaba a los opositores de al Assad. Un activista de la oposición relató que había vuelto a su barrio de Midan, que las fuerzas de al Assad recuperaron el viernes, sólo para encontrar su casa saqueada. "Las puertas estaban rotas y entré en varias casas que estaban en las mismas condiciones", indicó Fadi Al-Wahed. "Las cajas fuertes estaban rotas, los cajones y los muebles y las pantallas de televisión. Tres camiones del Ejército estaban bajo el puente de la carretera con el botín", sostuvo.
El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, un grupo de la oposición que analiza la violencia en el país, aseguró que 240 personas habían sido asesinadas el viernes en todo el país, incluyendo 43 soldados. Y el número de fallecidos de las últimas 48 horas, según el Observatorio, asciende a 550 personas, convirtiendo a los dos últimos días en los más sangrientos de los 16 meses de levantamiento popular contra al Assad.
Desde el atentado del miércoles, los rebeldes se ocuparon el centro de la ciudad y se hicieron con el control de otras localidades. El jueves, capturaron tres puestos fronterizos con Irak y Turquía, la primera vez que dominaron las fronteras. El aumento de la violencia atrapó a millones de sirios, convirtiendo zonas de la capital en pueblos fantasma, y envió a decenas de miles de refugiados a al Líbano. (Reuters)